08 mayo 2010

La historia de la semilla

En todos los lugares que Jesús pasaba, una multitud siempre lo cercaba y Él aprovechaba para enseñarles muchas cosas sobre el Reino de los Cielos. Un día Él comparó el Reino de Dios, con un hombre que sembró una semilla en la tierra y a medida que el tiempo fue pasando, la semilla fue brotando y creciendo, pero el hombre no podía explicar cómo eso sucedía. Lo único que sabía era que la tierra estaba ayudando a que la semilla creciera. Es interesante ver como aquella semilla va germinando y no nos damos cuenta de cómo sucede esto. Lo que logramos observar es que cuando sembramos alguna semilla de trigo, primero nace la planta, luego las espigas y por último los granos en las espigas. Y cuando las espigas están llenas de granos éstas maduran y sabemos que es la época de recoger. 

A través de este ejemplo, Jesús nos quiere enseñar que cuando llegamos a la iglesia; oímos la Palabra de Dios y comenzamos hacer lo que Él nos enseña. Entonces comenzamos a dejar a un lado la desobediencia, la mentira, las groserías y todo lo que a Dios entristece. Sin darnos cuenta aprendemos a orar, a ser obedientes y agradar a Dios y es precisamente lo que pasa con la semillita. Ella cae en la tierra y es acogida por ella como una madre, de la misma manera como nos acoge la iglesia. 

Hablando de madres ¿ustedes sabían que lo mismo sucedió con nosotros en la barriga de nuestra mamá? Antes de nacer somos como semillas y a través de ella recibimos el cariño, el amor y todas las vitaminas necesarias para que podamos formarnos con salud. A medida que vamos recibiendo  nutrientes nuestro cuerpo se va formando hasta que llega la hora de nacer.
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