05 junio 2010

El Joven rico


Fernando era un niño muy rico. Su papá tenía un gran negocio y por eso su familia tenía una vida muy buena. Su casa era grande y en su cuarto tenía de todo, videojuegos, computadora y un montón de juguetes divertidos. Estudiaba en la mejor escuela del barrio y tenía tanta ropa que ni alcanzaba ponérselas todas. Cada fin de semana, Fernando paseaba con sus padres y se divertía mucho. Su mamá era muy bondadosa y le gustaba ayudar a las personas necesitadas. Un día, en la escuela de Fernando, la directora decidió hacer una colección de ropas, calzados y juguetes para donar a un orfanato cercas de la escuela. Fue enviado un comunicado para los padres y la mamá de Fernando decidió ayudar donando algunas cosas de su hijo. ¿Qué bueno, verdad? ¿Ya imaginaron como aquellos niños quedarían felices al recibir las donaciones? Un día después, llegando a la casa, Fernando vio algunas de sus ropas dentro de bolsas. ¿Saben cual fue su reacción? Quedó enojado y empezó a llorar.

Al verlo llorando, la mamá de Fernando fue saber lo que estaba aconteciendo. Entonces el niño dijo: ¿Qué va hacer con mis ropas, va regalar a alguien? En el mismo instante su mamá lo reprendió diciendo: Sí, hijo, voy a enviar para tu escuela. ¿No te acuerdas que ellos están haciendo una campaña de donaciones para los niños del orfanato? Yo sé, pero no quiero dar nada a nadie, dijo el niño Qué actitud egoísta de Fernando, ¿verdad, niños? Su mamá se dio cuenta de lo cuanto su hijo estaba equivocado actuando de aquella manera, lo llevó hasta su cuarto, abrió la puerta del armario y dijo: Mi hijo, mire cuanta ropa tienes. Si donas algunas piezas, no te harán falta. Pero él respondió: Pero, mamá, esas ropas son mías. Y siguió llorando. Niños, Fernando actuó igualito a un joven muy rico que vivió en la época de Jesús. Él, desde niño, conocía a la Palabra de Dios, era un hijo obediente, nunca había robado o hablado mal de nadie. ¿Pero saben cual era el sueño de aquel joven? Era un día vivir en el cielo con Jesús. Él pensaba que estaba listo y no faltaba nada para merecerlo. Hasta que cierta vez se encontró con Jesús y preguntó lo que podría hacer para heredar el derecho de vivir en el cielo.

Cuando Jesús dijo para él que era necesario cumplir todos los mandamientos, él quedó feliz y dijo: Yo hago todo que los mandamientos de Dios ordenan. Jesús lo miró y dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, da para los pobres y después Sígueme. Cuando el joven oyó aquellas palabras quedó triste, dio la espalda a Jesús y se fue.
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