viernes, 23 de julio de 2010

La parábola de la moneda perdida

Pedro era un muchacho al que le gustaba mucho la EBI. Sus padres siempre hablaban de Jesús a la gente. Una vez, Pedro paseaba con su madre cuando encontraron a un vecino que nunca había asistido a una reunión en la iglesia. La madre de Pedro aprovechó el momento para invitarlo. El muchacho miró a su madre feliz de verla evangelizando. Dijo que cuando fuera grande iba a llevar a muchas personas a la Casa de Dios, al igual que sus padres.

Su madre planeó con su vecina para reunirse al día siguiente en la puerta de la iglesia. Ellos se despidieron y luego cada uno siguió su camino. Entonces Pedro le preguntó a su madre si podía llamar a sus amigos de la EBI, y ella respondió: "Hijo mío, llama al hijo de la vecina. Él la miró y dijo: "Mami, ¿cómopuedo invitar al hijo de la vecina si él es muy rebelde y malo? Siempre pelea con todos en la calle. Él tiene muchos errores. Y su madre le respondió: Pedro, hijo mío, el Señor Jesús contó la historia de una mujer que tenía diez monedas de plata y, después de haber perdido una, fue rápido a buscarla, porque ese dinero valía mucho la pena, era ya que un día de trabajo. Encendió la lámpara, agarró la escoba y comenzó a barrer todos los rincones de la casa hasta que la encontró. La mujer estaba tan feliz, que él llamó a sus amigos y vecinos y les dijo que había encontrado su moneda que perdió.

Después de contar la historia, la madre de Pedro le dijo que así como la moneda fue encontrada la felicidad volvió a aquella mujer, Dios también se alegra cuando un pecador se arrepiente de sus pecados. Por eso es que deberías invitar al hijo de la vecina para ir a la EBI.

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