03 julio 2010

La parábola del juez malvado

Había una vez una viuda que tenía un deseo de resolver un problema con su adversario. Ella siempre buscó al Juez de esa ciudad. (Niños, este Juez era conocido como un hombre muy malo, pues el no respetaba a nadie, ni siquiera a Dios). La gente que vivía en la ciudad tenía miedo de hablar con él. No era justo, y despreciaba a la gente más sencilla. Sólo aquel juez podría juzgar la causa del pueblo y resolver los problemas de la gente.

Aun sabiendo de la mala fama del Juez, la viuda se acercó a él y le pidió que juzgase su causa de ella. Pero él no respondió. (Niños, ¿saben cuál fue la actitud de la viuda?) Ella no se dio por vencida y decidió volver al día siguiente pues no tenía a nadie más que pudiera ayudarle su esposo había muerto, ella estaba sola y solo aquel Juez resolvería su problema. Al día siguiente allí estaba la viuda insistiendo, una vez más pidiendo al Juez que le ayudara. Y de nuevo fue a casa sin una respuesta. Como era perseverante, mientras más era despreciada más ella perseveraba, creyendo que un día seria contestada.

Se fue y volvió, fue y volvió, se fue y regresó. Su Insistencia era tan grande que el Juez se fue muy molesto. Entonces pensó: Si no hago Justicia a esta viuda, ella seguirá molestándome a mí. Será mejor que le conteste de una vez y me libraré de ella. ¡Ah! Qué gran alegría aquella viuda sintió cuando el Juez juzgo su causa y le dio la victoria. Amiguitos, Jesús contó esta historia para que todos sigan el ejemplo de la perseverancia de aquella viuda.
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