28 agosto 2010

La parábola de la levadura

JOSÉ ERA un niño muy inteligente que le gustaba mucho de participar de las clases de la tía Patricia, que era muy dedicada y amaba contar historias de la Biblia para sus amiguitos. Un día ella estaba enseñando para los pequeñitos que ellas deberían hablar del amor de Jesús para los amiguitos de la escuela y familiares. Mientras explicaba, José quiso saber porque él debería invitar más personas, si la iglesia y la EBI ya estaban llenas. Patricia le respondió que la casa de Dios podría ya estar llena, pero el reino de los cielos todavía estaba vacío, pues muchas personas estaban lejos de Él.

Entonces José se acordó que los primos de él todavía no tenían a Jesús en sus corazones y por eso eran desobedientes y hacían varias cosas equivocadas. Patricia empezó a contar la parábola del fermento y dijo así: Cierta vez Jesús enseñó que el reino de los cielos es semejante al fermento que una mujer lo mescló en la harina y después esperó hasta que la masa se pusiera bien grande. José no había entendido el sentido de aquella parábola y Patricia explicó que Jesús quería enseñar que, así como la mujer usa fermento para hacer la masa del pan crecer, del mismo modo Dios quiere usarnos para que la Casa de Él crezca y el cielo se quede lleno de personas. José le contó a ella que tenía dos primos que solo querías hacer las cosas que desagradaban a Dios.

Patricia explicó que él debería contar para los primos como era bueno ser de Jesús, que Él es un grande amigo y nos ama mucho. José entonces decidió llevar El Universalito para los primos, mostrar los testimonios e invitarlos. En el otro día, José fue hasta la casa de sus primos y los invitó a la EBI. ¿Saben lo que pasó, amiguitos? Ellos aceptaron la invitación, y fueron a la EBI, les gustaron tanto de la clase y marcaron para volver.
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