11 septiembre 2010

El árbol y sus frutos

DOS PRIMAS Participaban todos los días de las clases de la EBI. Una se llamaba Claudia y la otra Fernanda. Ellas llevaban para las clases la Biblia, oraban alto y querían responder todas las preguntas que la tía hiciese sobre la historia, pero siempre respondían incorrectamente. ¿Saben por qué? Porque ellas no prestaban atención en lo que se estaba siendo enseñando, pues se quedaban charlando el tiempo todo y, actuando de esta manera, las niñas se engañaban pensando que Dios se estaba agradando de ellas.

En la escuela, ellas siempre se quedaban juntas y vivían haciendo lio, eran de la misma clase. Se peleaban con todo el mundo, desobedecían a los profesores y hacían muchas cosas feas. Un día ellas se metieron en un lio muy grande, pero tan grande, que terminaron recibiendo una suspensión de tres días. En aquel mismo día ellas fueron a la EBI, pero se comportaron diferentes de los otros días. Se quedaron quietas y tristes durante toda la historia y no hacían lio. Al final de la clase, la tía fue a conversar con ellas y le preguntó el motivo de tanta tristeza. Claudia entonces le contó lo que había ocurrido en la escuela. La tía miró para ellas y le dijo: No necesitan quedarse triste, pues ustedes mismas podrán cambiar esta situación.

Imaginen que en patio trasero de mi casa yo tenga un árbol bueno y otro malo. Del buen árbol cosecharé frutos buenos y del malo seguro que cosechare frutos malos. Ustedes solo necesitan ser iguales al árbol bueno, y comenzar a dar buenos frutos. ¿Y saben lo que conseguirán con esto? Practicando todo lo que la Palabra de Dios no enseña.

A partir de aquel día, Claudia y Fernanda decidieron que no serian mas desobedientes y que agradarían a Dios.

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