25 septiembre 2010

Jesús incita a orar


HABÍA UNA vez una joven llamada María. Ella era muy amable, y le encantaba contar las historias de la Biblia para los niños y lo hacía con mucha alegría. En una de sus clases, María entregó para cada niño una hoja de papel para que ellos hiciesen un pedido de oración. Ella recogió los pedidos de los niños y los llevó a su casa para que ella pueda orar con ellos todas las noches. 

Pero una niña llamada Sara no quiso escribir el pedido. ¿Saben por qué? Porque Sara creía que sus problemas de la casa eran muchos y que Dios no le respondería. Sus padres vivían peleándose y, a pesar de eso, su hermanito estaba enfermo. Después de escuchar todo lo que estaba aconteciendo en la casa de la niña, María le enseñó a ella que si ella pidiese lo que deseaba con mucha fe, Dios le respondería. Mismo así, Sara no demostró credibilidad en aquellas palabras. María insistió enseñado a la niña lo que Jesús, cierta vez, había dicho para una multitud. Él dijo: ¿Si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues todo padre desea lo mejor para su hijo. Sara se puso tan contenta al escuchar aquello que escribió su pedido y fue para casa segura que el milagro acontecería. 

Algunos días después, Sara volvió feliz y le contó a María que Dios había respondido sus oraciones, pues sus padres ya no se peleaban más y estaban yendo a la iglesia. Su papá, que estaba desempleado, consiguió un buen empleo y su hermano fue curado. ¡Viva! Dios es un grande Padre.

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