04 septiembre 2010

La parábola del empleado vigilante

HABÍA UNA vez un niño que se llamaba Joaquín y le gustaba mucho ir a la EBI, pues allá él aprendía todo sobre la Palabra de Dios. Había otra cosa que a Joaquín le gustaba mucho… ¿Saben lo qué era? Ir a fiestas de cumpleaños. El no perdía ninguna fiesta de sus amigos. Un día él fue invitado a la fiesta de su mejor amigo y se quedó tan feliz que luego empezó a imaginar cómo sería aquella fiesta. Pero, antes que comenzare a hacer los planes, la señora Laura, la mamá del niño, le avisó que no podría llevarlo, porque tendría que trabajar hasta tarde.

Pero qué pena. Joaquín lloró mucho al escuchar esto, pero, para la alegría del niño su tía Luciana resolvió llevarlo a la fiesta. ¡Viva! Qué alegría que él sintió en aquel momento. En el día marcado allá estaban ellos. La fiesta estaba tan divertida, que ellos volvieron a la casa bien tarde. La señora Laura estaba sentada en el sofá esperando a que ellos vuelvan de la fiesta. Joaquín se sorprendió al ver a su mamá despierta en aquel horario esperándolo a que llegue. Fue cuando ella resolvió contar a él una parábola de la Biblia: Hijo, cierta vez Jesús contó la parábola de un empleado muy atento.

Así, al ver llegar rápidamente abrió la puerta para su señor. Pero, si el patrón, cuando volviese, encontrase la puerta cerrada y quedase golpeando la puerta, descubriría que el empleado no estaba vigilando su propiedad, y no le daría la recompensa a este siervo. Así también va a suceder cuando Jesús vuelva. Si están atentos, haciendo Su voluntad, podrán ir al cielo con Él.
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