04 diciembre 2010

Bienaventurado los que lloran


Sofia era una niña que creía mucho en Dios, por eso oraba con mucha fe. Ella vivía con sus padres, la hermana y el hermano. Sofi, como era llamada por todos, tenía muchas amiguitas, iba a la escuela por la mañana y a la noche iba para la iglesia con su mamá. Ella le gustaba mucho el momento de la oración, pues sabía que cuando oraba estaba conversando con Dios, su Padre Celestial.

La niña parecía ser muy feliz, pues era muy sonriente. Pero siempre lloraba mucho cuando estaba orando; pero, cuando terminaba la oración volvía al normal como si nada hubiese ocurrido Un día la educadora preguntó por qué ella siempre lloraba en las oraciones. Sofi respondió que lloraba cuando oraba por su hermano José, que era muy rebelde y vivía en malas compañías haciendo las equivocadas.

Entonces la educadora le contó a ella que Jesús nos enseña en su Palabra que las personas que lloran delante de Dios son muy felices, porque Dios consuela trayendo respuestas, ya que Él ve todo aquello que hace Sus ojos lloraren. Después de aquel día, Sofia pasó a creer más todavía en Dios y determinó en sus oraciones la trasformación de su hermano. El tiempo pasó y José se convirtió y su familia volvió a tener paz. 

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