30 diciembre 2011

23 diciembre 2011

Historia: Contando el milagro


Habia una vez, una tía de la EBI que se llamaba Camila. Ella enseñaba a los niños con mucho cariño, oraba por ellas y daba las clases de todo su corazón.

Camila siempre observaba el comportamiento de los niños de su clase, y conocía a todos. Cierta vez, una niña llegó por la primera vez en la EBI. Nanda tenía los cabellos largos y rubios, sus ojos eran azules como el cielo La niña era muy bonita, pero la tía Camila se dio cuenta de una tristeza en su mirada, que hizo con ella llamase a la nueva alumna para conversar.

Conversando con Nanda, tía Camila se quedó sabiendo del problema que tenía en la familia de la niña, pues sus padres se habían peleado y estaban pasando por muchos problemas financieros. La mamá de Nanda era nerviosa, y había decido ir a la iglesia a buscar un milagro.

Tía Camila enseño a la niña a confiar en dios y a orar con fe, contándole a Él todos sus problemas. Ella oyó y hizo todo como había aprendido. Algunos días después, Nanda llegó feliz a la EBI y todos se dieron cuenta de su trasformación; pero no conto a nadie el motivo de su alegría. Hasta que Camila la llamó para una charla y le preguntó cuál era el motivo de aquella alegría. Y Nanda respondió:

- Mi papá entregó su vida para Jesús y no se pelea más con mi mamá. A pesar de eso, no estamos más pasando por necesidades.

Entonces Camila le preguntó porque ella no había contado aquel milagro para la clase. Y Nanda respondió que estaba con vergüenza. Camila explicó diciendo que ella no debería tener vergüenza de hablar sobre lo que Dios había hecho.

Oyendo aquellas palabras, Nanda fue hasta la frente de la clase y dijo a todos sobre la bendición que había recibido, la clase se alegró, aplaudieron para Dios y Camila dijo:

- Glorifiquemos y alabamos a Dios cuando damos nuestro testimonio. Así como ustedes se quedaron felices por oír el testimonio de Nanda, así también Dios se alegra cuando contamos Sus hechos. Toda la clase de la tía Camila aprendió sobre la importancia de contar sobre los milagros.

10 diciembre 2011

Historia: La alabanza del evangelista


Había un niñito muy inteligente que se llamaba Matías. Él participaba de las clases de la EBI de su casa. Todas las noches, el niño iba para la casa de Dios con la mamá y siempre veía el Sr. Juan, papá de Alan, su amigo que también iba a la EBi. El Sr. Juan se quedaba todos los días en frente de la iglesia, parado y conversando con las personas que pasaban por allí.

Un día, Matías vio al Sr. Juan charlando con una señora que estaba llorando mucho. El niño estaba con la mamá en la puerta de la iglesia y prestaba atención en todo lo que ocurría. El Sr. Juan entró con la mujer en la iglesia, oro por ella y dijo que la vida de ella cambiaria. Matías le pareció muy linda esa actitud y fue para la EBI muy contento.

Pasado algunos días, aquella señora no estaba más triste, diariamente participaba de las cadenas en la iglesia, y Matías siempre la observaba. En aquel día, Alan invitó a su amigo para jugar en su casa. Y, al otro día, Matías fue a pasar el sábado en la casa de Alan. Los niños se divirtieron y jugaron mucho. Merendaron, almorzaron y charlaron también sobre las cosas de Dios.

El Sr. Juan llegó del trabajo cuando Matías se estaba preparando para volver a su casa. Sonriendo, él saludó al papa del amigo y le preguntó.

- ¿Me gustaría saber lo que el señor tanto conversa con las personas que pasan por la puerta de la iglesia? ¿Usted no se cansa? Todos los días usted hace la misma cosa...
Sonriendo el hombre le respondió:

- Me quedo evangelizando a las personas, pues soy un evangelista y hablo del poder y del amor de Dios para ellas. Cuento lo que Dios hizo en mi vida y hablar de Dios para las personas no me cansa, pues se que haciendo esto Él se pone muy feliz. Al oír estas palabras, Matías miró a su amigo le dijo que cuando él creciera seria un evangelista, así como el papá de él. Y Alan explicó que, mismo siendo niño, él podría hablar de Jesús para otros niños. Matías respondió:

- Qué bueno, ahora voy a hablar de Jesús para mi familia y amigos. Matías fue para su casa pensando en las personas que invitarían a la iglesia.

03 diciembre 2011

Historia: Agradeciendo a Dios


Había una vez una niña de 9 años que se llamaba Julia, que tenía un hermano de 10 años que se llamaba Jorge. Julia era muy creída y le gustaba de deshacerse de las personas, pues se creía mejor que todos. Jorge, era diferente de la hermana.

Doña Marcia y el señor Ricardo, los padres de ellos, habían aceptado Jesús ha poco tiempo y estaban felices en la casa de Dios. Pero, ni siempre fue así. Antes que ellos se convirtiesen había muchos problemas en aquella familia y, por eso, casi perdieron el empleo, los autos, la casa y, por falta de dinero para pagar las mensualidades, casi Julia y Jorge tuvieron que cambiarse de escuela.

Julia sabia de los problemas que la familia había enfrentado, pero continuada creída y orgullosa. La niña vivía diciendo que el padre era inteligente y por eso la familia de ella era bendecida, y pasaba el tiempo contando, para las niñas de la EBI, a respecto de las cosas lujosas que tenía en su casa.

Un día, en la hora del almuerzo, el señor Ricardo hizo una oración agradeciendo a Dios por la comida y por las bendiciones en sus vidas. A Julia le pareció diferente la actitud del padre, porque ellos no estaban acostumbrados a orar antes del almuerzo, pero eran nuevos convertidos. Entonces ella dijo:

- Papá, usted fue al mercado con mamá, hizo las compras y pagó con su dinero, mamá preparó la comida, ¿entonces porque nosotros debemos orar agradeciendo a Dios?

- Hija mía, ¡nunca más digas eso! Respondió el señor Ricardo. Todo lo que tenemos fue Dios que nos dio, y no permitió que perdiésemos nada, por eso debemos agradecerlo a Él siempre. Dios es todo para nosotros, y debemos agradecer por la salud, por la comida, por todo que tenemos, enseño el papa de Julia. La niña se quedó muy avergonzada.

Julia no sabía como Dios era importante para nosotros y comenzó a cambiar a partir de aquel día. Niños, es maravilloso alabar y agradecer a Dios y, actuando así, Lo dejamos muy feliz, pues reconocemos que Él es todo en nuestra vida. En la Palabra de Dios está escrito: “¡Cuán bueno, SEÑOR, es darte gracias..!”. Por eso, si ustedes no estaban acostumbrados a agradecer a Dios, entonces agradezcan todos los días.