08 marzo 2012

Para meditar


¿Cómo puede una persona de Dios ayudar a los de afuera, cuando los de la propia familia están pereciendo? El apóstol Pablo, dirigido por el Espíritu Santo dijo lo siguiente:

“ Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” .

Pero tal vez se pregunte: ¿ y si yo no consigo ganar a los de mi propia casa, no estoy apto para hacer con los de afuera? El hecho de que la persona no consiga salvar su familia no le impide de intentar salvar a los de afuera, pero su familia tiene que ver en su comportamiento diario, tanto en las palabras como en las actitudes debe ser una persona llena del Espíritu de Dios; si eso no ocurre, su trabajo en la iglesia será como el de un hipócrita.

Aunque el testimonio de su vida no sea suficiente para hacer que sus familiares se conviertan, que ellos por lo menos no tengan razón para criticar su comportamiento, pues estar lleno del Espíritu Santo no significa hablar en lenguas extrañas, sino tener un comportamiento ejemplar dentro de casa, en el trabajo, en la calle y en la iglesia.

Sra. Solange Guimaraes


 
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1 comments:

Anónimo dijo...

Es muy cierto lo que comenta señora,y muy fuerte ya que la salvacion de nuestra familia esta depeniente de nuestra espiritualidad.