27 mayo 2012

Historia: Jacob y Esaú hacen las paces


Después de pasar por tantas luchas, Jacob, al fin estaba bendecido. Él tuvo doce hijos, tenia muchos rebaños de cabras, ovejas, carneros, vacas, burros y muchos empleados, pues era un hombre muy rico. Pero le faltaba algo para que Jacob fuese completamente feliz, ¿ustedes saben de lo que estoy hablando? Jacob quería rencontrar a su hermano, volver para su ciudad. Él decidió irse, pero Labán no quería dejarlo ir. Pero Dios habló en el corazón de Labán y cambio de idea. Jacob partió de aquella ciudad llevando todo lo que tenia, sus rebaños, siervos, hijos y esposas. Jacob tenia miedo de que Esaú hiciese laguna maldad con él y con su familia, por eso, para hacer las paces con el hermano, separó algunos animales y mandó que alguno de sus siervos se le entregasen a él y le avisara que él estaba yendo para encontrarlo. 

Los empleados hicieron conforme Jacob había dicho, e informaron a él que Esaú y cuatrocientos hombres estaban yendo para el encuentro de ellos. De madrugada, mientras todos dormían, Jacob luchó con Dios hasta el amanecer, entonces Dios dijo a él: “Ya no te llamaras Jacob, y si Israel, pues como príncipe luchaste con Dios y con los hombres, y venciste”. ¡Que grande bendición! Dios cambió el nombre de Jacob y lo bendijo. A la mañana, Jacob dividió los animales y los empleados en dos grupos, y dijo que cada grupo fuese para un lado. 

Jacob mandó que las mujeres y los hijos se quedaran atrás de los empleados para protegerlos. De repente, Jacob vio a Esaú viniendo de bien distante. Y ocurrió lo que él no esperaba, ¿saben lo que fue? Esaú corrió y dio un fuerte abrazo al hermano, lo besó y después los dos comenzaron a llorar. ¡Que bueno! ¡Los hermanos hicieron las paces! Jacob presentó los hijos y las esposa para Esaú, le pidió perdón y le imploró que aceptase sus reglaos. Jacob continuo su viaje, rencontró el padre y pasó a ser llamado de Israel. 

Sus hijos formaron las doce tribus de Israel. Jacob tenía todo, pero le faltaba el perdón de su hermano. Él no aceptó continuar viviendo en la desunión, al contrario, fue hasta Esaú e hizo las paces con él. Está escrito en la Biblia “...y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar...”. Dios se entristece con la desunión, con confusiones y peleas entre familiares. Él desea que vivamos en amor, unión y respecto. Por eso, si tu estas mal con alguien amiguitos, perdónalo y ora por él, pues así Jesús se quedará muy contento con tu actitud.

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