24 junio 2012

Historia: La Sunamita


Vivía en la ciudad de Sunem una mujer muy rica. Un día pasó cerquita de su casa un profeta llamado Eliseo. Los profetas eran hombres que hablaban de las cosas de Dios. Ellos iban de ciudad en ciudad para enseñar a las personas sobre la voluntad divina. Al ver el profeta, aquella mujer sunamita lo invitó para entrae en su casa y le dio comida. 

Cuando Eliseo se fue, ella habló para su esposo, que iría preparar un cuarto, con una cama, una silla y un candelabro, para que cuando el hombre de Dios retornase aquella ciudad, tuviera adonde descansar. Y así ella lo hizo. Que mujer buena, ¿no es verdad niños? Debemos ser como esta mujer, pues cuando hacemos algo por los siervos de Dios estamos haciendo para el proprio Dios. Siempre que él iba aquella ciudad, Eliseo descansaba en la casa de la sunamita. El pidió a su ayudante para preguntar a la mujer lo que él podría hacer por ella. 

Giezi platico con ella, y ella dijo que no necesitaba de nada. Giezi llevo para Eliseo la respuesta de la sunamita, pero el profeta insistió en bendecir aquella mujer de alguna manera. Fue ahí que Geazi dijo a Eliseo que ella no tenía hijos. Niños, aquella mujer era casada y muy rica. Lo podría impedirla de tener un hijo si no fuera el problema de salud, ¿no es verdad? Pero ella iba a tener una gran sorpresa, pues algo muy bueno ocurriría. Eliseo llamo la sunamita y dijo para ella, que en el siguiente ano ella estaría cargando un hijo. La sunamita quedo muy sorpresa con aquella noticia y pensó que el profeta Eliseo estaba jugando con ella, pues ya no tenía esperanza de ser madre. Algún tiempo después, aconteció exactamente lo que dijo el profeta. 

La suanmita quedo embarazada y tuvo su bebe. Ahora sí, su familia estaba completa. Saben niños, Dios bendijo aquella mujer tornándola en una madre, porque ella se preocupo con un siervo de Dios. Se Eliseo quedo agradecido y feliz por tan gran bondad, mucho más Dios queda cuando servimos a Él de todo el corazón. Dios siempre bendice aquellas personas que le sirven de todo el corazón y con alegría.

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