16 agosto 2012

El ayuno de Daniel



“En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas”. (Daniel 10:2-3) 

Ese pasaje del libro de Daniel, es el ejemplo de un “ayuno parcial”, realizado en medio a las actividades del día a día, con el propósito de alcanzar de Dios la revelación de su voluntad. El ayuno no es apenas dejar de ingerir alimento, pero es en su esencia, una mayor proximidad hacia Dios. 

Podemos decir que el ayuno es la abstinencia de la “voluntad de la carne”; de las cosas normales del día a día como: dejar de ver la televisión, (excepto la programación de la IURD, o película evangélica que fortalece su fe, por ejemplo: Abraham, Moisés, David, Jesús), dejar de navegar en internet (excepto el Blog de la EBI, del Obispo Macedo y los Blogs de la fe, de la Iurd), dejar el entretenimiento, juegos, periódicos, revistas, etc. 

El ayuno es hecho con el propósito de llegar al corazón de Dios, el ayuno es una demostración de temor a Dios. Cuando dejamos las cosas de nuestro día a día y separamos tiempo para leer la Palabra de Dios, orar, adorar, alabar y engrandecer el nombre de Jesús, estamos sacrificando la carne y alimentando el espíritu y el alma. ¡Al ayunar, dedicamos más tiempo a las cosas espirituales y nos volvemos más a Dios! El ayuno de Daniel y sus compañeros, no fue una abstinencia de alimentos. 

Él dejó de contaminarse con las iguarias del Rey por cuestión de conciencia, porque la comida no era preparada según la ley (Levíticos 17:10-14) y, probablemente era ofrecida a los ídolos. Ellos solo comieron legumbres. Otro factor importante en un tiempo de ayuno es el propósito que nos mueve a hacerlo. Un ayuno sin propósito definido es como caminar sin destino, sin saber de donde viene o para donde va. Que el Señor Jesús le bendiga grandemente en ese propósito del Ayuno de Daniel.


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