16 agosto 2012

¡Que bendición!


En la reunión realizada en la Ciudad de México el último domingo 12, el mensaje predicado por el obispo Edir Macedo fue acerca de la fe del Espíritu, que contraría a la fe religiosa. En la Catedral llena, los mexicanos atentos aprendieron que la fe de Dios no tiene nada que ver con la fe sentimental, que viene de las religiones: “Cuando hablamos de la fe, cuando hablamos de la creencia en Jesús, no estamos hablando de religión. ¿Por qué? Porque la fe viva, la fe sobrenatural, la fe de Dios no tiene nada que ver con la emoción, con el sentimiento. 

La religión es una práctica de sentimiento, una fe sentimental. La fe de Dios es bruta, es ruda, no tiene sentimiento, no tiene corazón. La fe de Dios tiene una certeza de que Él está con la persona”. Después, una pregunta hizo que los presentes reflexionaran sobre su propia vida: “¿Cuántos años ha creído usted en Dios y su vida ha sido una vergüenza, una porquería? 

 Y, ¿por qué? 

“Usted cree en Dios desde pequeño, pero el Dios que le fue presentado fue un Dios con sentimiento, una imagen de Jesús caído, una imagen triste, terrible, para sensibilizar a las personas. Personas sensibilizadas con una fe sensible no sirve. La verdadera fe es el Espíritu de Dios”. Como dice en Juan 7:38: “El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” 

¿Y qué quiere decir eso? 

“Significa que de su interior van a fluir palabras de vida; palabras que van a salvar a las personas desesperadas; palabras que van a levantar a los caídos; palabras que van a darle vida a las personas que están muertas; palabras que van a traerle espíritu a las personas que no tienen espíritu. 

Jesús está diciendo que el que cree en Mí, como dicen las Escrituras, y no como dice el obispo, pastor, cardenal, padre o la religión A o B, ¡no! Sino quien cree en Jesús como dice la Palabra de Dios. Esa es la fe inteligente, una fe que tiene soporte, un fundamento en la Palabra de Dios. La fe es Espíritu. La fe es certeza de que Dios va a hacer lo que prometió.” Los mexicanos, de esta forma, pudieron comprender que la fe de Dios es aquella que viene del Espíritu Santo que, en este Ayuno de Daniel, todos tienen la oportunidad de recibir.







¡Fue un día maravilloso!


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