19 diciembre 2012

Influencia del bien

Experiencias de los hijos en la EBI llevan a sus padres a frecuentar la IURD, transformando sus vidas y cambiando su relación. 


La mayoría de las veces, son los padres que dan el ejemplo a los hijos. Pero ¿Y cuando sucede lo contrario? Siendo buenos, los ejemplos deben ser seguidos. Cuando la señora Rosimeri Rosa dos Santos, de 45 años, ya era madre de dos hijos grandes, Rodrigo de 21 años, y Ana Claudia, de 16, cuando ella ni pensaba en embarazarse, nació Gabriel, hoy de 6 años. Dice ella, fue un día más que especial. En aquellos momentos, el medico decía que, por problemas de salud, era imposible que ella se embarazara.

Su hijo más joven no solo vino a llenar el vacío del día a día, sino también a fortalecer más la relación con su marido, Claudio Aloisio. Pero la felicidad solo se completó cuando la pareja correspondió al deseo de su hijo más pequeño. “Gabriel era de la EBI (Educación Bíblica Infanto-Juvenil) y pedía que fuéramos la iglesia que él frecuentaba. Mi hermana lo llevaba los domingos y estaba cada vez más sorprendida con la satisfacción de él con la iglesia. Sin hablar del cambio del comportamiento que sucedió”, dice la madre. Gabriel era muy tímido.

Al punto de ser un niño triste por no saber o tener vergüenza de relacionarse con los otros niños de su edad. Cuando llego a la EBI, muchas cosas cambiaron. “Hoy él es un niño alegre y comunicativo. Platica mucho con nosotros en casa, platica sobre las clases de la EBI, del cariño de las educadoras, de sus compañeros. A él no le gustaba la escuela y ahora él pide que lo llevemos a la escuela y siempre saca buenas calificaciones. Gracias a Dios atendí a sus pedidos de asistir a la iglesia. Él es una bendición en mi vida.”, afirma Rosimeri. 


FIN DE LAS PELEAS 

Anderson Barros Loureiro, de 31 años, cuenta que, en el pasado, faltaba armonía en casa y las peleas con su esposa Fabiana eran frecuentes. Esa realidad solo cambio cuando su hija, Nicoli, llego a la EBI. “Ella era una niña nerviosa, inquieta. Quedaba triste cuando veía a su madre peleando”, revela.

Fue necesario Nicoli llegar a la EBI y seguir los consejos de las educadoras para cambiar su comportamiento. El siguiente paso fue pedir a los padres que frecuentaran más la iglesia. El pedido fue atendido. “Ella ahora es una niña más estudiosa, cariñosa dentro de casa. Eso nos hizo cambiar.
Comenzamos a frecuentar la iglesia y nuestra relación cambio de agua para vino. Puedo decir que nuestra hija cambio nuestro matrimonio”, comenta Anderson.

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