16 febrero 2013

Historia: El sembrador


Grupo, el Señor Jesús le gustaba enseñar a las personas haciendo comparaciones. Cierto día, Él estaba en la playa, cuando, de repente, miles de personas se reunieron al lado de Él. Entonces, Él aprovecho que aquellas personas estaban allí y comenzó a contar la historia de un sembrador que salió para plantar sus semillas. Mientras el andaba por un largo camino, una parte de las semillas cayo en el suelo, y los pájaros que volaban se las comieron. 

Otra parte de las semillas cayo entre las piedras, y ellas comenzaron a nacer, pero por no estar plantada en la tierra, no pudieron crecer, salió el sol, y las quemo y murieron. La tercera parte de las semillas cayo entre los espinos, que terminaron sofocándolas. Pobrecitas!!! Pero, la última parte de las semillas cayo en tierra buena para plantar, y las semillas crecieron y dieron frutos, y esto dejo al sembrador muy feliz. ¿Saben lo que quiere decir esta historia, niños? La semillas es la Palabra de Dios, y el suelo donde cayó representa cada corazón. Cuando somos la Palabra de dios y no la obedecemos, dejamos que el diablo venga y la robe y no aprendemos nada sobre Dios. 

Esta es la semilla que cayó por el camino. Cuando recibimos la Palabra de dios con alegría, solo por un momento, y después no deseamos más oírla, somos comparados con aquella semilla que cayó entre las piedras. ¿y la que cayó entre los espinos? Esta representa aquellas personas que les gusta más las cosas que desagradan a Dios, como mentir, robar, desobedecer a los padres, ser berrinchudos, etc. Dejando que esas cosas sofoquen la Palabra de dios que había sido sembrada en el corazón. Y las personas que oyen la Palabra de dios y la practican, son comparadas a aquella semilla que cayó en buena tierra y dio muchos frutos. 

Saben niños, los tipos de suelo en que cada semilla cayó representan los corazones. La buena tierra donde ella creció y dio fruto, es el corazón de la fiel y temerosa de Dios. Y nuestro corazón debe ser esa buena tierra que recibe al Palabra de Dios con amor, alegría, fe y la práctica cada día las enseñanzas de Jesús. ¿Quién hará de su corazón una buena tierra? Diga “Amen”!


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