02 febrero 2013

Historia: La cura del empleado del centurion


Era una vez un hombre que tenía cien soldados, y por eso lo llamaban centurión. Aun siendo muy importante, él era bueno y se preocupaba con sus empleados, aconteció que, cierto día, uno de sus empleados se enfermó mucho y estaba casi muriendo. ¡Pobre de él! ¿No es así niños? el centurión se entristeció mucho y pidió que algunos ancianos judíos llamaran a Jesús para curar a su siervo enfermo. Aquel centurión había construido un templo (Iglesia) para los judíos, y por eso ellos lo querían mucho. Los judíos fueron hasta Jesús y le dieron el recado del centurión, y Jesús fue hasta el enfermo. Cuando Jesús estaba cerca de la casa, el centurión fue hasta Él y le dijo: -No, Señor! Yo no merezco que entres en mi casa. ¡mmmm! ¿A caso él había desistido de pedir la cura de su empleado? (espere la participación). 

¡No, claro que no! Él solo reconoció que Jesús era el Santo de Dios y, por eso, no merecía que Él entrara en su casa. El centurión continuo diciendo: -Di solamente una palabra, y mi empleado será curado. Yo también estoy debajo de autoridades de oficiales superiores y tengo soldados que obedecen mis órdenes. Le digo a un: “Ve para allá” y él va. Digo a otro: “Ven para acá”, y él viene. Y digo también para mi empleado: “Haz esto”, y él lo hace. Amiguitos, aquel centurión tenía mucha fe, pues el creía que con solo una palabra de Jesús el empleado quedaría curado. 

El Señor Jesús se quedó tan contento con la fe de aquel centurión, que dijo para las personas que estaban con Él: nunca vi una fe como esta, ni siquiera en medio del pueblo de Israel, que es el pueblo escogido por Dios. Ve para la casa, pues será hecho como tu crees. Niños, sabe que fue lo que sucedió en aquel instante? (espere la participación) el empleado quedo completamente sanado. ¡Qué maravilla! El centurión debió haber quedado feliz ¿no es así?.

Amiguitos, el centurión sabía que había poder en las palabras de Jesús. ¿Ustedes sabían que nuestras palabras también tienen poder? Si, hay poder. En la biblia está escrito que la Palabra de Dios no vuelve vacía, ósea, Dios siempre cumple lo que está escrito, solo es necesario que nosotros creamos así como el centurión creyó en el poder de Jesús. ¡Quien entendió diga “yo”, amén!




“Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié.” (Isaías 55:11)


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