26 junio 2013

La niña que queria ojos azules


Emy era una linda niña de cinco años de edad. Vivía en Estados Unidos, frente al mar. Su familia era muy cristiana, ella los amaba mucho y admiraba los ojos azules de su padre, de su madre y de sus hermanos... Todos en su casa tenían ojos azules. Todos... ¡menos Emy! 

El sueño de la pequeña era tener los ojos del color del mar. ¡Cómo deseaba eso! Un día, oyó a su profesora decir que Dios responde a todas las oraciones, por lo que Emy pasó todo el día pensando en eso. “¡Seguro que Dios me escuchará!”, se decía. A la hora de dormir, se arrodilló al lado de su cama y oró: "Papá del Cielo, muchas gracias porque creaste elmar que es tan hermoso. Muchas gracias por mi familia y mi vida. 

¡Me gustan mucho todas las cosas que hiciste! Pero... me gustaría pedirte un favor... cuando me despierte mañana, ¡quiero tener ojos azules como los de mi mamá! En el nombre de Jesús, amén”. Ella tuvo mucha fe esa noche. La fe pura y verdadera de una niña. Y, al despertar al día siguiente, corrió al espejo. Miró... y, ¿cuál era el color de sus ojos? Continuaban siendo color castaño muy oscuro. Emy se entristeció y lloró. 

Se preguntaba: “¿Acaso Dios no me oyó? ¿Por qué no atendió lo que le pedí? ¿Acaso no me porto bien y Dios no quiere concedérmelo? ¿O es que mis hermanos son mejores que yo? ¿Sirve de algo rezar?”. Aquel día, Emy tuvo que aceptar que ese “no” era la respuesta. Y aunque al principio renegó y no entendía, acabó confiando en Dios. La pequeña siguió rezando y era muy generosa. Por eso, años después, cuando la invitaron a ir como misionera a India, aceptó encantada. 

Ya en India, su labor consistía en "comprar niños para Dios"; es decir, había familias muy pobres que pasaban mucha hambre, y que al no tener nada, vendían a sus hijos a otras personas que las sacrificaban en el templo. La tarea de Emy era "comprarlos", para luego salvarlos de ese sacrificio. Pero, para poder entrar en los "templos" sin ser reconocida como extranjera, debía disfrazarse de india. Para ello se ponía polvo de café en la piel, cubría sus cabellos, se vestía como las mujeres del lugar y entraba libremente en los locales de venta de niños sin despertar ninguna sospecha. 

Emy podía caminar tranquila por todo el "mercado infantil", pues aparentaba ser oriunda del lugar. Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y dijo: “¡Caray, Emy! Estás perfecta, ¿ya pensaste que no sería posible disfrazarte si tuvieses ojos azul claro como todos los de tu familia? ¡No cabe duda que servimos a un Dios inteligente que ha pensado en todo! Él te dio ojos muy oscuros, pues sabía que eso sería esencial para tu misión y poder salvar muchos niños”. 

Esa amiga no sabía cuánto había llorado Emy en su infancia por no tener ojos azules... Pero pudo, finalmente, entenderlo y le dio alegremente gracias a Dios por no tener ojos de ese color! La moraleja es clara: Todo está en el plan de Dios. Él conoce cada oración que sale de nuestros labios, y cada lágrima que sale de nuestros ojos; Él sabe por qué nos suceden las cosas; conoce todas nuestra necesidades y podría resolverlas... pero las responde de manera sabia, en su momento. 

No podemos perder la paz si no nos gusta el color de nuestros ojos o cualquier otra cualidad. Nunca podemos perder esta seguridad, sólo hay que confiar plenamente en Él.

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2 comments:

MARTHA HERNANDEZ dijo...

Dios no nos da lo que queremos y si lo que necesitamos.

Satán dijo...

Dios me ha dicho que por favor dejeis de escribir historias falsas ok gracias