17 agosto 2013

Mensaje de Fe


Los buenos ojos 

Un hombre vivía en el desierto y tenía cuatro hijos todavía adolescentes. Queriendo que sus hijos aprendieran la valiosa lección de no precipitarse en juzgar, los envió a una tierra en la que había muchos árboles. Pero los envió en diferentes épocas del año. 

El primer hijo fue en invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el más joven fue en otoño. Cuando el último de ellos volvió, el padre los reunió y pidió que relataran lo que habían visto. El primer hijo dijo que los árboles eran feos, medio curvos y sin ningún atractivo.

El segundo hijo disintió y dijo que en realidad, los árboles eran muy verdes y llenos de brotes, y parecían tener un buen futuro.

El tercer hijo dijo que ellos estaban equivocados, porque estaban repletos de flores, con un aroma increíble y una apariencia maravillosa.

Ya el más joven no estuvo de acuerdo con ninguno y dijo que los árboles estaban tan llenos de frutos que se curvaban por el peso, pasando la imagen de algo lleno de vida y sustancia. Entonces, aquel padre explicó a sus hijos adolescentes que todos estaban en lo cierto. En verdad ellos vieron los mismo árboles en diferentes estaciones de aquel mismo año.

Él dijo que no se puede juzgar un árbol o a las personas sólo por una estación o etapa de su vida. Él explicó que la esencia de lo que ellas son, la alegría, el placer, el amor, pero también las etapas aparentemente malas que vienen de aquella vida sólo pueden ser medidas al final de la jornada, cuando todas las estaciones terminaron. Si desiste cuando llega el “invierno”, usted va a perder las promesas de la primavera, la belleza del verano y la plenitud del otoño.

No permita que el dolor de apenas una “estación” destruya la alegría de todas las otras. No juzgue la vida por apenas una etapa. Persevere a través de los caminos difíciles, y, con certeza, ¡mejores épocas vendrán! Viva de forma simple, ame generosamente, ocúpese de sí mismo profundamente, hable educadamente… ¡Y deje el resto con Dios!

La felicidad lo mantiene dulce. 
Los dolores lo mantienen humano. 
Las caídas lo mantienen humilde. 
El éxito lo mantiene brillando. 
Las pruebas lo mantiene fuerte. 
¡Pero, solamente Dios te mantiene avanzando! 

¡Que Dios les bendiga!

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2 comments:

Rocío - León dijo...

Muchas Gracias!!!

Anónimo dijo...


Cierto,para reflexionar.
Marcela Los Reyes.