23 mayo 2014

Historia: Fabio, el muchacho vengativo


Erase una vez un niño muy inteligente llamado Fabio, a él le gustaba ir a la EBI pero cuando estaba en clase, no prestaba atención en nada de lo que era enseñado y no dejaba que los otros niños prestaran atención. Otra de las cosas que a él le gustaba hacer era jugar con sus amigos frente a la casa y un día su mamá le regaló un lindo carro a control remoto. 

Fabio se alegró mucho con la sorpresa y enseguida fue a mostrarlo a todos sus amiguitos; Pablo era uno de ellos y se puso muy triste al ver aquel carrito en las manos de Fabio, pues ya que el único carro que tenía era viejo y además había sido usado por otro niño y una vecina suya se lo había regalado. Pobre Pablito, tenía envidia de su amigo porque no conocía a Jesús. Cuando tenemos al Señor Jesús en el corazón, jamás sentimos envidia de otros. Un día la madre de Fabio, preparó unas deliciosas onces e invitó a todos sus compañeritos para que comieran en su casa. 

Todos se alegraron muchísimo y aceptaron la invitación y después de haber degustado de tan ricos alimentos, Fabio tuvo la idea de salir a jugar una carrera de carros; y cogió todos sus carritos y le prestó un carrito a cada uno de ellos menos a Pablo, ya que éste había llevado el suyo. El juego comenzó y Pablito se enfureció porque su carro fue el último en llegar y viendo el carro de Fabio lo cogió y lo lanzó muy lejos que cayendo en el suelo el carrito se arruinó completamente. Fabio quiso vengarse y tomando en sus manos el juguete de Pablo también lo despedazó. 

¡Quién iba a imaginar que un juego iba a traer tantos pleitos! Pablo comenzó a llorar y la madre de Fabio salió a ver lo que estaba pasando y después de saberlo todo, ella conversó con Fabio y le hizo ver que su actitud no fue la correcta ya que él conocía al Señor Jesús y sabía que no debemos ser vengativos y sí perdonar aquellos que nos hacen mal. También le dijo que Pablo era un niño que no conocía de Dios y él no sabía nada de eso. En aquel momento Fabio quedó tan avergonzado y fue a pedirle perdón a su amiguito, los dos se abrazaron y continuaron jugando felizmente.

Fabio en aquel día aprendió dos grandes lecciones: -La primera era que necesitaba de prestar más atención en las enseñanzas de la E.B.I, para aprender más acerca de las coas de Dios y la otra fue que aprendió a que jamás se vengaría de nadie, pues esa actitud no agrada a Dios. ¿Entendieron?



Colaboración: EBI - Ecatepec
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