21 julio 2015

Mensaje de la sra. Ester


En el mundo material, lo que cuenta es la apariencia. La riqueza, la belleza y el color de las cosas que llenan los ojos de los que viven en este mundo. Pero el mundo de Dios es diferente, él no mira las apariencias o las condiciones de cualquier persona, Él ve el interior de la persona, la belleza espiritual. Lo que tiene debondad, la misericordia y la fidelidad. Él mira la fe. David era una persona que Dios buscó y se encontró con estos requisitos. En su trabajo con las ovejas de su padre, él era fiel, constante y cuidadoso. 

Él no se quejaba o se relajaba, él hacía de todo corazón su trabajo. Y mientras las ovejas pastaban en el campo, se tomaba el tiempo para alabar al Creador con su arpa. Veía en todo la majestad de Dios. Así fe que Dios lo escogió, para más tarde ser el rey ungido de Israel, para cuidar de su gente, simplemente por su amor por Él y su compromiso con las ovejas de su padre. Esta obediencia e integridad de corazón, llamó la atención de Dios. 

Cuando fue a ungir al rey que Dios había escogido, el profeta Samuel no sabía que sería David. Dios simplemente dijo que ungiria a uno de los hijos de Isaí. El Profeta preguntó entonces para conocer a todos y al a ver Eliab, alto, fuerte y hermoso, pensaba que era el futuro rey. 

Pero la respuesta de Dios fue reveladora: “Y el Señor respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. (1 Samuel 16.7) El profeta quería consagrar al que él veía como robusto y hermoso, pero Dios había escogido a David, a pesar de que era más joven y delgado, sin ni siquiera haber ido al ejército. David fue elegido debido a su buen corazón y su fe en Él. 

Usted ve, entonces, lo que Dios ve en nosotros? Nuestro corazón, ya sea bueno o malo. Tenemos que tener el corazón puro y verdadero, porque es a través de él que somos medidos y que somos justificados ante Dios. En nuestros corazones están todas nuestras intenciones sean buenas o malas, en relación con los demás y con las cosas. La timidez y el orgullo a menudo nos impiden expresarnos con amor y bondad. 

Quizás te impidan de decirle a tus padres que los amas, expresando exactamente lo que realmente sientes. Si cierras el corazón y no hablas lo que sientes, es difícil reconocerlo realmente. Es necesario hablar, transmitir todo lo que está en tu corazón, sin reservas, sin pretensión o falsedad, porque no podemos engañar a Dios, Él lo ve todo. Esto es muy valorado por Dios. Si usted lo tiene como Señor de su vida y usted sólo quiere agradar a Dios, se convierte en una nueva criatura. 

Y sólo así será valorado y reconocido por todos como el hijo de Dios. La consecuencia de eso es el placer de tener su compañía y también, al igual que David, que después fue llamado “
…de acuerdo con el corazón de Dios “ 

 ¡Qué hermoso corazón…!
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5 comments:

Katia Berenice dijo...

gracias sr.Ester por su palabras que siempren nos edifican.

Anónimo dijo...

Grasias señora Ester por esas palabras de aliento para seguir adelante y que hay que cuidar de nuestro corazon para agradar a nuestro Dios

Anónimo dijo...

Yolanda trujillo. Señora Ester grasias por compartir este mensaje hermoso seguiremos. Cuidando de nuestto corazon pata agradar a Dios

Massiel Alejandra Delgado Hdz. dijo...

Muy bonito mensaje, digno de analizar y cambiar nuestros corazones de acuerdo a la necesidad individual. 💕

Guadalupe Delgado dijo...

Este mensaje me ayudo para ponerlo en practica en mi vida el mundo nos ofrece muchas ilusiones pasajeras, pero Dios el siempre ve nuestro interior el no ve la preparación que tenemos o las habilidades que tenemos mucho menos la apariencia El siempre nos capacita y nos prepara para grandes cosas y hacer la diferencia en este mundo.