06 julio 2016

Mensaje especial de la Sra. Ester


En el mundo, lo que cuenta es la apariencia. Belleza, riqueza y brillo llenan los ojos de los que viven en él. Dios no valora esas cosas, Su mundo es diferente. Él no mira las apariencias o condiciones de alguien, Él mira su interior, la belleza espiritual. Considera su bondad, misericordia y fidelidad. Él mira la fe. David fue una persona que Dios buscó y encontró con esos requisitos. Él cuidaba de las ovejas de su padre con mucha dedicación. No rezongaba ni era flojo, sino que lo hacía de todo corazón. 

Y, mientras las ovejas pastaban en el campo, él tomaba un tiempo para alabar al Creador con su arpa. En todo veía la Majestad de Dios. Por eso, Dios lo escogió, para después ser ungido como rey de Israel y cuidar de Su pueblo. Dios vio el amor y dedicación que David tenía con las ovejas de su padre. Esa obediencia y perfección de corazón llamó la atención de Dios. Cuando el profeta Samuel fue a ungir al nuevo rey, aún no sabía que sería David. Dios solamente le dijo que ungiera a uno de los hijos de Isaí. 

Entonces, el profeta quiso conocer a todos, y al ver a Eliab, alto, fuerte y apuesto, creyó que estaba delante del futuro rey. Pero, la respuesta de Dios fue reveladora: “Pero el Señor dijo a Samuel: “No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; 

porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el SEÑOR mira el corazón.” (1 Samuel 16:7) 

El profeta quería consagrar a quienes le parecían fuertes y apuestos, pero Dios había escogido a David, aunque era el más joven y delgado, sin siquiera haber estado en el ejército. David fue escogido, debido a su buen corazón y a su fe en Dios. 

¿Se da cuenta de lo que Dios ve en nosotras? Nuestro interior, sea bueno o malo. Tenemos que tener un corazón puro y verdadero, porque por él somos medidos y justificados delante de Dios. En nuestro corazón está toda nuestra intención, sea buena o mala. La timidez y el orgullo pueden impedir que usted se exprese con cariño y bondad, de decir “te amo” a sus padres y de expresar exactamente lo que usted realmente es. 

Si cierra el corazón y no dice lo que siente, es difícil conocerlo verdaderamente. Es necesario hablar, transmitir todo lo que está dentro de usted, sin reservas, sin fingir o ser falso, pues no podemos engañar a Dios. Él ve todo y valora la sinceridad. Si usted lo tiene como Señor de su vida y quiere agradarlo, necesita tener un corazón sincero, abierto, obediente y puro. Solo así, será valorado y reconocido por todos como hijo de Dios. Como resultado tendrá el placer de tener Su compañía y, como David, ser llamado “según en corazón de Dios”. ¿Qué lindo corazón no? 

Ester Bezerra
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2 comments:

angela rodriguez dijo...

es verdad Dios no mira lo que el hombre mira Dios sabe de todo lo que hay dentro de nosotros y quien somos realmente es muyfuerte

Anónimo dijo...

Todo lo que hacemos para nuestro señor debe de ser con amor, para que haya frutos siempre agradandole.gracias muy lindo tema.