13 septiembre 2016

Palabra de la Sra. Ester



Mes de Septiembre

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores[a], ni los estafadores heredarán el Reino de Dios”. 1 Corintios 6:9-11 

Actualmente, las persona se engañan al intentar convencerse que lo que lo incorrecto es bueno. Pero quien conoce a Dios sabe cuál es Su voluntad. Cuando alguien está lejos de Dios, se deja guiar por las opiniones de los demás, por las modas porque desconoce la Palabra del Señor. Cuando despreciamos a Dios, no podemos disfrutar de la vida que él nos promete en la Biblia y sufrimos las consecuencias de estar lejos Suyo. 

Es por eso que muchas sufren y no tienen claro qué rumbo tomar, se sienten perdidas. Por eso, buscan ser felices de forma equivocada y se pierden haciendo su propia voluntad aunque saben que van a sufrir. Cuando el hombre está perdido, empieza a vivir según sus propios deseos y allí las obras de la carne hacen que se aleje cada vez más de Su creador. Algunos de las obras de la carne que podemos leer en Gálatas 5:16-23, son la malicia, la envidia, la obsesión por el dinero, la envidia, la falsedad, la soberbia y la desobediencia. 

También podemos encontrar Sus enseñanzas sobre este tema en 1 Corintios 6:9-10 y Romanos 1:26-32. Las personas que obran de esa manera terminan sufriendo porque aunque satisfacen sus deseos, están vacíos de Dios, su vida espiritual está muerta. Dios nos hace una propuesta, nos coloca delante el bien y el mal pero la elección es nuestra. 

Si oímos su voz al elegir hacer lo correcto, tendremos una nueva vida. Aunque nuestros propios deseos nos impulsen a hacer lo errado, él nos da una nueva naturaleza que nos hará rechazar las obras de la carne, Él nos da una nueva forma de pensar y de actuar. 

Depende de nosotros aceptar la propuesta del Señor Jesús que nos evitará el sufrimiento y nos dará alegría y paz.


Ester Bezerra
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